De la Acogida Locziana a los Cuidados Piklerianos.

 

De ayer a hoy (1967-2014)

 

Genevieve Appell

 

Para abrir este sitio web “Pikler internacional” permítanme, antes de hablar del momento actual, que me vaya unos años atrás y que sea un poco personal. No veo otra posibilidad para hacer comprender por qué la mirada diferente que Emmi Pikler posa sobre el bebé, así como la originalidad de su manera de “cuidar”, han sido tan importantes para mí y aun lo son así como para numerosos especialistas y trabajadores de la pequeña infancia en el mundo entero.

En otoño de 1947, con el cercano fin de la Segunda Guerra Mundial y las heridas que esta había engendrado abiertas todavía, la vida material si bien iba mejorando, aún era difícil. Mi primer puesto de trabajo me hizo descubrir el universo de un orfanato de la asistencia pública parisina, Parent de Rosan. La Sra. Aubry Roudinesco, médica de la dirección de, los hospitales que acababa de recibir el encargo del seguimiento del este orfanato anexo, me pide examinar a los niños cuyos comportamientos y condiciones de vida la inquietaban tanto como a mí lo harían después.

 

Estos bebés 8/10 meses a 3 años, previamente a su ingreso habían vivido experiencias diversas y llegaban esperando volver con sus familias u obtener otras soluciones. Excepto algunos recién llegados, estos bebés no tenían nada que ver con los numerosos niños que yo frecuentaba. Realizar observaciones y pruebas a veces resultaba imposible, porque los niños rechazaban cualquier contacto y si se realizaban, revelaban retrasos, discordancias y daños más obvios de mes en mes. Sus condiciones de vida eran materialmente precarias, lo que es comprensible dada la época, pero la forma en que eran tratados si no era activamente brutal, era profundamente maltratadora. Pero ¿nadie parecía darse cuenta? Tanto los cuidadores como el personal administrativo no actuaban con mala intención, sino más bien con verdadera devoción.

 

Todo esto estaba al límite de lo alucinante. ¿Qué hacer entonces?

 

La contratación de una educadora infantil y para los más mayores, la acogida de los estudiantes en prácticas para los grupos de los más pequeños, sesiones de juego individuales, suministro de equipos y juguetes, todos los recursos a los que era posible apelar en el momento se mostraban ineficaces. La atmósfera general cambió y también lo hizo el comportamiento de los niños, pero estos no mejoraron. Menos amorfos quizás, pero se volvieron más exigentes, insatisfechos, difíciles. Algunos, al salir de su letargo, se mostraron más “atípicos”. Los juguetes eran destruidos, la violencia entre los niños aumentaba y consecuentemente también la del personal.

 

¿Qué ocurría? ¡No entendíamos nada!

 

Los expertos consultados respondían en términos de taras: sífilis, alcoholismo, enfermedades mentales, etc. Estos niños eran considerados "irrecuperables", nos decían que estábamos perdiendo el tiempo. Sin embargo, incluso entre los más afectados, observaciones finas, repetidas en diferentes momentos revelaban que allí había algo,¡ había vida y posibilidades!

 

No podíamos renunciar

 

Las publicaciones sobre la primera infancia nos hicieron entrever otras causas: la obra de Sophie Morgenstern, la tesis Dolto "Psicoanálisis y pediatría," el libro de Anna Freud y Dorothy Burlingham, sobre los niños separados debido a la guerra, algunas monografías de pediatras que indican un estado de "marasmo" observado en los bebés que después de la separación de su madre pasan un tiempo en el hospital. Todos estos autores indican pistas psicosomáticas y René Spitz publica su trabajo sobre la Depresión Anaclítica y el Hospitalismo. Gracias a algunas publicaciones y a los gritos de alarma lanzados, la Sra. Aubry obtuvo fondos del UNICEF, a través de la CIE, para realizar una investigación y la confía en octubre de 1950 a la Dra. Myriam David. Mientras tanto en Londres se forma un equipo alrededor de John Bowlby, James Robertson y Mary Ainsworth. Formaba parte del proyecto el intercambio entre ambos equipos de investigación.

 

Comienza un nuevo periodo, lleno de esperanza, fecundo.

 

Myriam David regresó de Estados Unidos. Trajo nuevos puntos de vista sobre los trastornos de los niños, una especialización aún inédita en Francia sobre psicoterapia individual con bebés y niños muy pequeños, así como un jardín de infantes terapéutico. También proporcionó una comprensión de la disfunción del adulto. Una revolución lenta se puso en marcha dentro de la institución que quedó reflejada en publicaciones y películas. Durante más de 20 años estudios realizados en todo el mundo sobre las separaciones y la privación maternal institucional vinieron a iluminar esta lamentable realidad. También promovieron un interés cada vez mayor por la psicología del niño y del bebé.

 

Durante los años 60, Myriam David y yo estuvimos llevando a cabo la investigación en el marco de una casa cuna que acogía a los recién nacidos que tenían que ser vacunados por la BCG antes de ir a vivir a la casa de sus padres, que padecían tuberculosis. Una primera línea de investigación fue identificar los factores que crean deficiencias en el seno de las instituciones, con el fin de remediarlos. El segundo eje fue el estudio de los efectos ulteriores que pueden generar estas primeras semanas en el orfanato. Con este propósito se ofrecía a las familias un seguimiento a domicilio desde el primer día de su llegada a la casa entre los dos meses y medio y tres meses hasta la edad de cuatro años. Las primeras visitas se hacían diariamente, luego pasaban a ser semanales, mensuales y bimensuales. Esto nos llevó a escribir un artículo sobre la fuerza estructurante para el bebé de la relación que forja con su madre en el curso de sus interacciones.

 

Encuentro con el Instituto Pikler, base de un segundo período fértil que tendrá una duración de cuarenta y siete años!

 

Es en este contexto de la investigación en el orfanato Amyot, en 1967, durante unas prácticas en el Centro Internacional de la Infancia, diseñado para pediatras de los Países del Este, es decir pertenecientes a las entonces repúblicas socialistas detrás del “telón de acero”, cuando conocí la Dra. Judit Falk. Di una conferencia sobre las carencias institucionales y proyecté la película "Monique". Durante la discusión Judit Falk habló del orfanato "Lόczy" en Budapest, dirigido por la Dra. Pikler, de la que ella era ayudante. Ella pensaba que en él los niños no sufrían carencias y aportó a los debates elementos tan poco habituales que luego me acerqué a ella y la invité al orfanato Amyot. Durante la visita, algo complicada, nos sorprendió tanto a la directora Malou Klein como a mí, su conocimiento detallado, inusual en la época, de los bebés y los problemas institucionales. Nos molestaron y hasta nos irritaron algunas de sus declaraciones, pero también encontramos puntos en común y nos invitó a Lóczy.

 

 

Fuimos tres días en 1968 y conocimos a Emmi Pikler y a sus colaboradoras.

 

Antes de la fundación del orfanato, Emmi Pikler, pediatra, había ofrecido a un centenar de familias un “sistema de cuidados” basado en una percepción muy vanguardista del bebé, teniendo en cuenta su desarrollo y sus necesidades. Acompañaba a los bebés y a sus madres desde la cotidianidad más cercana. Como los resultados de estos seguimientos pediátricos reforzaron sus puntos de vista, se basó en esta experiencia cuando la solicitaron para crear un orfanato en 1946. Acto seguido Emmi Pikler rompe de manera radical con los costumbres de la época e instala un universo relacional niño/adulto, encuadrado en el tiempo y el espacio y centrado en la actividad del bebé.

 

Malou Klein y yo nos quedamos impresionadas por la buena salud y la monería de los niños. Se los veía felices, vivos, a gusto en sus cuerpos y pertinentes en sus movimientos. Más bien serios en general pero mostrando auténticas manifestaciones de placer y satisfacción durante sus juegos; entre ellos existían delicados intercambios sorprendentemente poco conflictivos; su confianza hacia los adultos era evidente, mientras que la presencia, respeto y cuidados de estos para cada uno de ellos, nos emocionó profundamente. La tarde del segundo día, mientras viajaba en el tranvía, en un estado de media ensoñación me puse a pensar: "yo podría confiarles un niño... sí, si yo estuviera sola en el mundo y supiera que iba a morir, podría encomendar a mi bebé a estas personas, en este lugar." Nunca, en ninguna parte, había tenido semejante pensamiento. ¿Utopía o realidad? El tercer y último día de la visita no me dio la respuesta a esta dicotomía.

 

Malou Klein y yo estábamos totalmente perplejas: encantadas y crédulas a la vez. ¿Estos niños van tan bien como lo aparentan? ¿Es esto posible o somos víctimas de una ilusión?

 

Me quedé tan sorprendida que me resultaba imposible no ir más allá. Debía regresar, pero con la autorización para llevar a cabo un auténtico estudio. Gracias tanto a su espíritu abierto como al de su equipo, Emmi Pikler nos recibió a Myriam David y a mí en 1971.

 

Durante dos semanas hicimos largas observaciones en cada unidad. En horas diferentes, en el interior o en el jardín, encontramos estos grupos en los que viven un adulto y ocho niños (máximo) y en los que todos parecían seguir su propia tarea, en paz y seguridad, mientras estaban al mismo tiempo vinculados con los demás. ¿Significa esto que no había llantos, que no había algunos momentos de tensión, que ningún niño nos causaba problemas? No. Solo que los momentos difíciles se trataban con calma, con una mezcla de dulzura y firmeza muy efectiva y se acababan rápidamente. Hay que tener en cuenta que nosotras no entendíamos el idioma, cosa que fue ningún inconveniente en estas primeras visitas, ya que las actitudes de los adultos, los gestos, el tono de sus voces tienen tantas cosas explícitas al dirigirse a los niños. Teníamos la ilusión de entenderlos. Más tarde nos sería necesario estudiar el contenido de las palabras y veríamos que se diferencian del discurso habitual.

  

Estas observaciones escritas con todo detalle, las compartíamos y discutíamos largamente con Emmi Pikler y Judit Falk. El inglés fue nuestra lengua común. Comenzó una curiosa aventura. Resulta que teníamos la misma percepción de los niños y de la vida en grupos, y sobre estos temas nuestra comunicación era fácil y fomentaba un clima de confianza mutua. ¡Afortunadamente, ya que nos permitía seguir la discusión durante largos momentos, en aquellos temas en que no entendíamos nada de nada!

 

 

Para ser más claros: cuando compartíamos lo que habíamos visto, reinaba el placer y la armonía pero tan pronto como compartíamos lo que creíamos que era la base de este "estado de las cosas", se rompía la comunicación. Para decirlo de otra manera: mientras permanecíamos en el nivel "clínico" nos entendíamos y podíamos reflexionar juntas, pero en cuanto tratábamos de teorizar, nos perdíamos. Y, hay que reconocerlo, nosotras, francesas de visita, nos enfadábamos más rápido que nuestras anfitrionas húngaras que acogían con paciencia y cortesía nuestras dudas.

 

Nosotras no lográbamos entender la sutileza que acompaña las expresiones "libertad de movimiento y la actividad auto-inducida", y sobre todo comprender por qué estas tenían tanta importancia. ¿Por qué se negaban a interferir en el juego del niño hasta el punto, por ejemplo, de no ponerle un objeto directamente en la mano, sino simplemente dejárselo al lado, a su “libre” disposición? Estábamos profundamente incómodas porque ellas no hablaban de la relación niño/adulto y adulto/niño y que si se daba, pareciera que era un poco como por casualidad. ¡Para nosotras era una cuestión central! De hecho, fue un malentendido que se se fue disipando poco a poco. Para Emmi Pikler y Judit Falk esta relación era fundamental en todos los sentidos de la palabra. Es un aspecto que seguían de cerca en cada niño, pero es tan obvio para ellas que por eso ni lo mencionaban. Mientras que lo que aporta la libertad de movimiento del niño y el respeto por su actividad auto-inducida es el "descubrimiento" de Emmi Pikler y una de las bases, totalmente original, sobre la que construyó la atención ofrecida a los niños. En 1971, la institución no había comprendido plenamente todas las articulaciones entre los diferentes aspectos de este estilo de cuidados o en todo caso sus miembros no lo sabían formular. Sin ser excluyentes sus referencias eran más bien pediátricas y pedagógicas, la nueva educación. En cambio, las nuestras estaban más marcadas por el psicoanálisis, la psicología genética y los trabajos sobre el apego. No había contradicción, sino que la articulación de unas a otras no es tan fácil. Desde entonces, muchas personas trabajan en estas articulaciones, que avanzan lentamente ¡pero aún falta mucho camino por hacer! Actualmente muchas publicaciones dan testimonio de este trabajo.

 

Al final de nuestra estancia estábamos convencidas de no ser víctimas de una ilusión. El Instituto Pikler supo desarrollar una manera de cuidar y una estructura institucional que protegen de las carencias a los niños acogidos en el orfanato. ¿Quizás no a todos? ¿Existe la perfección? Pero la gran mayoría de ellos parece estar ileso y la diferencia es enorme en comparación con lo que está sucediendo en otros lugares. Estábamos deseosas por compartir esta experiencia y este lugar que merecía visitas, reuniones y otras discusiones. Escribimos "Loczy o el maternaje insólito".

 

En un simposio en 1996 Myriam David, refiriéndose a lo que ocurre con Lόczy, habló sobre "El Arte del Cuidado".

 

Personalmente, a mi regreso a París, compartí con el equipo de estudiantes de la guardería donde ejerzo de psicóloga todo lo que había comprendido y retenido de mi visita. Todo aquello que podría ayudar a resolver una serie de problemas que habíamos identificado, pero para los que solo habíamos encontrado soluciones parciales. Era un equipo abierto, dinámico. Nuestro anterior estilo de trabajo, centrado en la observación, nos había vuelto sensibles a ciertos sufrimientos de los niños que estaban en los grupos de los lactantes (primer año y un poco más) y de los “medianos” (14/16 a 24/28 meses). Nos pusimos a trabajar y más rápido de lo que esperaba, los beneficios fueron vistos por todos, incluso por los padres; estos cambios fueron individualmente evidentes en casi todos los niños y esto es lo que importa. Y en cuanto a los adultos, decían estar más satisfechos de su trabajo.

 

Esta experiencia positiva me dio valor para afrontar nuevamente la ayuda Social de la Infancia cuando me ofrecieron el puesto de psicóloga en el orfanato de Sucy en Brie (Val de Marne).Había adquirido una nueva mirada sobre el niño, nuevas perspectivas sobre cómo apoyar su desarrollo y herramientas sobre el marco institucional. Agnes Szanto, psicóloga, alumna de Emmi Pikler y especialista en movimiento, vino a unirse a nosotros y a ayudarnos en la comprensión y aplicación de este importante eje pikleriano de los cuidados infantiles.

 

Así, dos experiencias clínicas (en el terreno), vividas en lo cotidiano vinieron a enriquecer este periodo fértil de intercambios con el Instituto Pikler.

 

En este sitio web, otros colaboradores presentan el contenido del trabajo del Instituto Pikler. Por mi parte, me gustaría mencionar el uso de este término "cuidados piklerianos" y la "acogida locziana" que desearía ver desarrollado en los diferentes campos de la primera infancia que conozco tan bien.

 

1.- En relación directa con todo lo anterior vienen los orfanatos.

 

Aunque los cuadros de deficiencias masivas, catastróficas descubiertas en los años cuarenta y cincuenta, y recientemente en Rumania, eso espero sin estar del todo segura, hayan desaparecido, otras formas más discretas permanecen. Son sutiles e incluso hipócritas. Difícilmente reversibles, impiden el desarrollo de los niños que las sufren. Su erradicación es difícil, compleja, con reapariciones recurrentes. La toma de conciencia de estos riesgos llevó a algunos países a una política de supresión de estas instituciones, pero los problemas de los niños "cuyos padres no pueden criarlos" de todas maneras no estaba resuelto. Por una parte porque el acogimiento familiar, a pesar de ser la solución alternativa, también demuestra ser portador de riesgo de deficiencias y graves problemáticas, a menos que sea de un nivel excelente. Para ello se debe asegurar un acompañamiento psicológico del niño cuya infancia transcurre “en dos familias”, el apoyo regular de la familia de acogida y el trabajo con los padres. Esto requiere de un equipo numeroso de profesionales competentes, y que jamás puede ser una solución de bajo costo como se piensa muy a menudo. Por otra parte, siempre existe un número de niños cuyo estado y/o de la familia/situación social/administrativo les obliga a permanecer en una institución de acogida. En una política activa "anti orfanato" esta solución es vista como un último recurso, a evitar porque ser la “peor solución”. Así llegamos a la paradoja sorprendente, chocante y hasta escandalosa, que significa confiar, a menudo con urgencia, a una institución desvalorizada niños atravesando enormes sufrimientos en situaciones insolubles. ¿Y qué pueden ofrecer a estos niños unos adultos a los que se les da una tan mala imagen de su trabajo en una institución de la que se piensa que sería mejor que desapareciera? Es más fructífero reconocer la necesidad de estas instituciones, ciertamente en número limitado, pero que respondan a las necesidades de un determinado tipo de situaciones familiares, y apoyar y formar personal en el marco de un proyecto educativo adaptado. Aquí es donde nos encontramos con la utilidad de lo que aporta el trabajo del Instituto Pikler en cuanto al cuidado de los niños y a la formación y a la indispensable organización de apoyo al personal.

 

Hoy en día, después de haber brillado durante sesenta años, acogiendo a profesionales del mundo entero, el Instituto Pikler ha visto cerrarse las puertas de su orfanato en favor de una política de acogimiento familiar. Entonces esto nos plantea a nosotras y especialmente a la Asociación Pikler Internacional la cuestión de un replanteamiento de las acciones a llevar a cabo en relación con los orfanatos.

 

2 - A continuación vienen la modalidades de cuidado de día: jardín de infantes, ludoteca.

 

A diferencia de los niños de orfanato que sólo tienen encuentros esporádicos con sus padres, los niños acogidos en estas instituciones, viven en familias con su padre y su madre o a veces con un solo progenitor. Éstos asumen su plena responsabilidad por ellos y solo delegan a la institución de acogida el cuidado de su bebé durante su horario laboral. Estos bebés conocen la alternancia de dos lugares de vida, cinco días a la semana, a veces hasta diez horas al día - es decir, una eternidad para un bebé! Allí se encuentran con otros adultos "cuidadores" y otros niños. Para los bebés los puntos comunes entre orfanato y jardín de infantes son las relaciones con los cuidadores y la vida en grupo con sus pares. ¡Que es un montón!

 

En las edades en las que esta delegación tiene lugar (en Francia de tres/cuatro meses a tres años), el niño, para estar en paz y seguridad, necesita aquí y ahora una relación interindividual "intersubjetiva" verdadera. En esta etapa del desarrollo, todavía no puede apoyarse en el vínculo con su madre cuando ella está ausente. A menos que se le ofrezca durante el tiempo de acogida una relación no substitutiva sino de “suplencia”, el jardín de infancia u otra entidad se arriesga a ser para el bebé un lugar de carencias y de mini-violencias. Aquí es donde aparecen, entre otras, todas las reflexiones en torno al adulto de referencia que es la única garantía posible de continuidad reconocible para el bebé.

 

Además, contrariamente a la creencia popular, no es porque se sumerja a un niño desde bebé en un universo donde conoce a otros bebés que se vaya a convertir en un ser "socializado". ¡El efecto puede ser contrario! Todo depende de la relación que construye con sus cuidadores, su percepción de sí mismo y de su seguridad interior además de la manera en la que se le proporcionan encuentros con otros niños.

 

Muchos responsables de estas diferentes instituciones han visto en las propuestas piklérianas /loczianas una actitud de los adultos y soluciones concretas que puedan aumentar la calidad de los cuidados de los más pequeñitos. Desde hace cuarenta años en Europa, y también en los EE.UU. y América Latina, se sigue un trabajo de reflexión, aplicación y adaptación continuada, en vistas a que los equipos se hagan suyas estas propuestas. Este proceso requiere ajustes que tengan en cuenta, entre otras cosas, las diferencias de colaboración que se producen entre los padres y el personal.

 

En 2006 el mismo Instituto Pikler abrió un jardín de infància en la calle Lóczy. El personal, salido del orfanato, se ha aplicado a las trasposiciones necesarias y recibe visitantes en el marco de la formación. Ha habido intercambios prometedores que están en pleno desarrollo.

 

Una nueva película de Bernard Martino es testigo de la atención que reciben los niños en el jardín de infancia. "Loczy, una escuela de civilización".

 

3 - Y en cuanto a "los cuidados piklerianos" de los niños en el seno de la familia

 

La diversidad de las tradiciones en la crianza y educación de los bebés y niños muy pequeños muestran hasta qué punto estos están dotados de una fuerza de desarrollo y capacidad de adaptación extraordinarias. Fuerza y habilidades que les permiten, cuando sus necesidades afectivas y emocionales son satisfechas, sacar partido de lo que les ofrecen sus padres y proyectarlo como su desarrollo hacia el mundo. En un contexto cultural más o menos homogéneo, cada díada madre-hijo construye una forma de interacción que es única, así como cada díada padre-hijo, mientras que una connivencia educativa se establece en el seno de la pareja. De aquí, entre otros, vienen nuestras infinitas variantes individuales.

 

En su experiencia como pediatra Emmi Pikler encontró que las implicaciones relacionales y materiales que ella descifraba a nivel de los cuidados con su original mirada sobre el bebé, permitían a los niños desarrollarse con calma y en paz y que esto hacía que su madre se volviera a su vez confiada y satisfecha. Aquí hay algo que merece ser observado con detenimiento.

 

En este sentido el Instituto y equipos en diferentes países como Alemania, Austria y Francia, proponen grupos bebé-madre o bebé-padre y madre. Los niños son acogidos en un marco adecuado para su nivel de desarrollo, donde se les deja libertad para actuar como les plazca. Están acompañados por su madre o padre, al quienes se les pide que observen a distancia, interviniendo solo si se lo pide su hijo o si ellos mismos lo creen necesario. En un ambiente tranquilo y acogedor, una o dos educadoras acompañan los movimientos del grupo de niños y según las circunstancias, comparten con los padres algunas palabras durante y después de la sesión.

 

En nuestra sociedad occidental moderna, en la que la mayoría de las parejas jóvenes se convierten en padres sin experiencia previa con los bebés y sin apoyo cercano de la familia, estos lugares de encuentro ofrecen apoyo con la posibilidad de dar respuesta a sus inquietudes. Entonces funcionan como lugares de prevención de salud mental del niño. En Francia, con una concepción ligeramente diferente, la primera Casa Verde fundada por Françoise Dolto abrió el camino a esta forma de trabajar con los padres. Una vez más, el intercambio internacional en torno a la experiencia pikleriana es un avance prometedor.

 

Quedan otros campos, como las madres de día, la acogida familiar, el trabajo con los niños con discapacidad, la organización de la estancia de un niño en el hospital, de los que no sé lo suficiente como para que me permita hablar de ellos. Dejo la tarea de informarnos a aquellos que trabajan en estos campos y tienen reflexiones dirigidas por los aportes del Instituto Pikler,

 

UN APUNTE DE HISTORIA para terminar

 

Emmi Pikler era húngara y fundó el Instituto en Budapest. Desde 1945 y hasta 1989 la labor del Instituto se llevó a cabo detrás del “telón de acero”, y además todos los artículos escritos por ella y sus colaboradoras, así como todos los archivos están en húngaro. Idioma poco común y muy poco accesible. Esto representa un doble aislamiento que ha retardado la propagación de sus ideas. Si Emmi Pikler y sus seguidores hubieran sido norteamericanos o británicos, el reconocimiento de la importancia de su trabajo a nivel internacional hubiese sido mucho más rápido. Este reconocimiento está en marcha y es interesante tener en cuenta que no se ha hecho de manera homogénea. Miembros multilingües del Instituto han respondido generosamente a las solicitudes de unos y otros. Algunos países estaban interesados primero por el trabajo dentro de una comunidad de niños, otros por el de los padres y otras personas por una reflexión sobre la discapacidad, etc. Así que fue en una forma un tanto anárquica como se desarrolló el concepto “clínico” concreto de "Cuidados Piklerianos" y "Acogida Locziana".

 

Recientemente Emmi Pikler ha entrado en la Facultad de Psicología. La reflexión sobre la contribución de la investigación en el Instituto a la comprensión del desarrollo temprano de lo humano se intensifica. ¿Qué nuevos caminos abren estas investigaciones, qué articulaciones se pueden hacer con las teorías existentes?

 

Mi deseo sería que las conexiones estructuradas a nivel internacional vengan a enriquecer el trabajo, tanto en las diferentes áreas y campos de aplicación como a nivel científico y teórico.

 

15 de marzo 2014

 

Traducción : Melina Bronfman, Azucena Linares, Carme Valverde